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14.1.09

Al fuego con el conocimiento

Ella no quería saber cómo se hacían las cosas, sino por qué. Esto puede resultar muy embarazoso. Se pregunta el porqué de una serie de cosas y se termina sintiéndose muy desdichado. (...) Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enséñale sólo uno. O, mejor aún, no le des ninguno. Haz que olvide que existe una cosa llamada guerra. (...) Tranquilidad, Montag. Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos “hechos” que se sientas abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o la Sociología para que empiecen a atar cabos.
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BRADBURY, Ray. Fahrenheit 451. Barcelona: Debolsillo, 2007.

13.6.08

Fragmentos de sabiduría: Antonio Méndez

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Pues sí, cada una tiene sus neuras. Y la mía es la de la naturalización. Se puede entender a partir del texto que sigue. Es un pequeño fragmento de un gran ensayo de Antonio Méndez Rubio titulado La apuesta invisible (vaya, el titulo ya dice bastante.. :P), en el que conjuga los estudios culturales con la crítica política y social.
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La ideología masiva, en el sentido que usaría Williams de “modo entero de vida”, se presenta así como en el caso de Disney acorazándose en una oficialidad pública que la naturaliza como instrumento de poder. Esta naturalización, concebida como tendencia a no reconocer los propios intereses o la propia naturaleza ideológica, creo que puede compendiarse en cuatro grandes pilares de lo que, según esto, podría considerarse una ideología de la no-ideología: la (no) ideología de la competitividad, la (no) ideología del consumo, la (no) ideología de la tecnología, la (no) ideología del imperio. La competitividad actúa como valor dinámico, componiendo una dialéctica entre exclusión social e individualismo posesivo en la que éste funciona de forma compensatoria, prometiendo todo aquello que evacua la lucha por no quedar fuera de juego (confianza, estabilidad de los vínculos, solidaridad...). Como en el diseño estándar de los concursos televisivos, al mejor estilo Gran Hermano o también (más suave y metódicamente) Operación Triunfo, la convivencia y el apoyo mutuo sólo pueden ser un pasaje temporal, sometido a la implacable mecánica de la nominación. Este tipo de programas masivos renueva con ello la vitalidad de la nueva Sociedad Titanic, es decir, aquella que ha naturalizado como nunca la feroz ley del “sálvese quien pueda”.
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MÉNDEZ RUBIO, Antonio. La apuesta invisible. Cultura, globalización y crítica social. Montesinos (Ensayo), 2003