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22.12.10

Maillard viaja conmigo

Existe una diferencia entre
una filosofía que tiene una lógica monstruosa
y aquella a la que se le puede dar
una interpretación monstruosa

Raymond Aron

82 [Historia de un amor]

Úsame, utilízame. Soy un instrumento para el conocimiento de ti. Tan sólo sé tú el cauce por donde pueda transcurrir el torrente que desborda de mi centro, tan pequeño, tan limitado en este cuerpo diminuto. La energía infinita que nos conforma sólo puede hallar cabida en ese trayecto entre los seres: sólo puedo ser lo que soy cuando aquel fuego se proyecta hacia ti para luego, tal vez, retornar, o tal vez no. No importa, lo que importa es el trayecto. (...) Déjame ser agua y fuego, déjame ser la lava que soy a veces, sé mi cauce por un día, un año, un instante -los instantes, todos, son infinitos-, déjame ser en ti, pues por mí serás tú, después, en otros cuerpos.


10 [Yo]

He declarado la guerra a todos mis enemigos. Me he declarado la guerra a mí misma. He declarado la guerra al .

Alejaos. Temedme. Por ahora sois aún los objetos del . Sois el otro que me habita y me recorre con oriflamas alzados donde dice "Este es el Pabellón de las Delicias", "Este es el Pabellón del Terror". Todos sois ejércitos y lugares, a la vez ejércitos y a la vez lugares, sois el que acude a vosotros para odiarios o para desearos. Cuando termine esta guerra -si alguna vez termina- podremos conversar y tal vez amarnos, podremos jugar al juego de la paciencia: ese juego que consiste en abrir las distancias y volver a cerrarlas sabiendo que no existe ni el cerrar ni el abrir, ni ninguna distancia.

43

(...). Voy supurando amor por todas mis heridas y no creo, ya no puedo creer que el ansia de infinito se cure indagando en la llaga.


215 [Él]

El fondo de todos los males es la cobardía. Vence, traspasa el miedo y podrás amar.

Pregúntate: ¿de qué tienes miedo cuando hieres?


101 [Ella]

Padezco una enfermedad incurable: ser yo bajo todas mis circunstancias. Yo estoy siempre en el centro -o en el extremo- de todas las relaciones en las que me implico. No veo más que por mis ojos. Es una falta de honradez dar a entender que no hablamos desde nosotros mismos, una falsa humildad contar historias con pretensión de objetividad. Quien filosofa envuelve al crío en pañales ajenos. Sólo yo soy sujeto para mí y sólo para mí fabrico los objetos (...).


203 [Ahora]

El gozo está detrás de cada puerta, de cada paso, de cada encuentro, a pesar del cansancio, a pesar del cuerpo que se tensa para evitarlo. El gozo es visión, más acá, un poco retraída, un poco desde cierta distancia y, no obstante, adentro, en el mismo centro. El gozo es estar en mí estando en todos. Veo lo que son, veo más allá de ellos, veo lo que somos, dentro de ellos, nos veo y es tan simple, todo es tan simple que el gozo se confunde con la risa.


111 [Pero me iré a México]

Llamarían "defecto" a esta capacidad de ver distintos los lugares acostumbrados cuando ha cambiado alguna de sus circunstancias. Lo llamarían incapacidad, dificultad para la síntesis que procura el reconocimiento eliminando lo accesorio. Pero, verán: nada es accesorio. Un prado bajo la lluvia no es el mismo prado; una calle en la luz de la mañana no es la misma calle que de noche, iluminada por los focos. Y no es que se le añada simplemente la lluvia al prado o la proyección de la luz a la calle, no, es que aquello a lo que mi atención se dirige no es lo mismo, es que no veo lo mismo (...). Ningún lugar es independiente de lo que ocurre en él o, mejor dicho, ningún lugar es independiente de su ocurrir. Porque ocurren los lugares, como todo lo que existe, como nosotros. (...) Toda ruta es una aventura y sigo perdiéndome en mi propia ciudad, en estas calles que -dicen- he recorrido desde hace años cientos de veces.



Chantal Maillard. Filosofía en los días críticos.

19.12.10

Sobre múltiples narraciones y platos sucios



¿Qué se entiende por honestidad? Para el conservador, significa un retorno a la moral tradicional y a los valores de la religión y, también, purgar del cuerpo social los rests del antiguo régimen. Para el izquierdista, quiere decir justicia social y oponerse a la privatización desbocada, etc. Una misma medida (restituir las propiedades de la Iglesia, por ejemplo) será "honesta" desde un punto de vista conservador y "deshonesta" desde una óptica de izquierdas. Cada posición (re)define tácitamente el término "honestidad" para adaptarlo a su concepción ideológico-política. Pero no nos equivoquemos, no se trata tan sólo de un conflicto entre distintos significados del término: si pensamos que no es más que un ejercicio de "clarificación semántica" podemos dejar de percibir que cada posición sostiene que "su honestidad" es la auténtica honestidad. La lucha no se limita a imponer determinados significados sino que busca apropiarse de la universalidad de la noción. Y, ¿cómo consigue un contenido particular desplazar otro contenido hasta ocupar la posición de lo universal? (...) La honestidad (...) será hegemonizada por (...) el significado que permita a los individuos plasmar en un discurso coherente sus propias experiencias de vida. La "legibilidad", claro está, no es un criterio neutro sino que es el resultado del choque ideológico. (...) Dicho de otro modo, la "legibilidad" no implica tan sólo una relación entre una infinidad de narraciones y/o descripciones en conflicto con una realidad extra-discursiva, relación en la que se acaba imponiendo la narración que mejor "se ajuste" a la realidad, sino que la relación es circular y auto-referencial: la narración pre-determina nuestra percepción de la "realidad".

Slavoj Zizek. En defensa de la intolerancia.


*por lo que los platos siempre seguirán sucios. ¡Qué ganas de ser intolerante...!


16.4.10

Octavio Paz, feminista punk


Hace unos días hablaba con la persona que me recomendó El laberinto de la soledad, de Octavio Paz. Ambos coincidimos en que, sin duda, es un libro ejemplar que hay que leerse. Pero mientras yo destacaba su crítica de género, él me decía que lo que más le atrajo fue la descripción de la soledad; que, aunque tomara al mexicano como paradigma, podía aplicarse a todo hijo de vecino. Es decir, cada uno se quedó con lo que más le gustaba. Y es que, aunque parezca que el tema de la soledad es central en este libro, ¡tacháaaaaaan!: incorrecto. El texto tiene muchas lecturas, ya que toma prestadas nociones filosóficas, políticas, éticas, lingüísticas, psicológicas, históricas, sociológicas, económicas, religiosas y, también, poéticas. ¿Quieres leer una obra multidisciplinar? Entonces lee a Octavio Paz y su laberinto de la soledad (*anuncio patrocinado por detergente El Macho).

* Detergente El Macho no se hace responsable de las acusaciones que se puedan
hacer de sus anuncios, cree en la libertad de expresión y el relativismo y está harto de
las denuncias de esas guarras feministas que ni siquiera son clientes potenciales porque
ni se limpian ellas ni limpian la casa.

Como decía antes, me sorprendió (porque no esperaba encontrarlo en un libro que presuponía sólo como un ensayo de la historia de México), su crítica del rol de la mujer y el machismo, que analiza a través de elementos tanto sociológicos como lingüísticos: "(...) el ideal de la 'hombría' consiste en no 'rajarse' nunca. Los que se 'abren' son cobardes... Las mujeres son seres inferiores porque, al entregarse, se abren. Su inferioridad es constitucional y radica en su sexo, en su 'rajada', herida que jamás cicatriza".

Tengo entendido que se acusó a Paz de machista precisamente por reflejar en qué consistía el machismo. Grave error. Grave error pasar por alto que, al igual que las mentiras, de las que sólo somos conscientes cuando las conocemos, las injustias hay que revelarlas para poder combatirlas. Además, el escritor mexicano no se detiene en la descripción, sino que descuartiza todas las extremidades del machismo (esta metáfora es culpa de Déxter).

Pero lo que definitivamente me convenció de Paz es su revolucionaria visión feminista del tema: no sólo porque es un hombre el que alza la voz (que es de agradecer), sino porque también progresa en el mismo campo del(os) feminismo(s). Como veremos en los párrafos que he seleccionado, y sobre todo en las partes que me he tomado la libertad de destacar, la tesis de Paz sugiere que ciertos valores que se le presuponen a la mujer -tales como la dulzura, la bondad, la no-agresividad, etc.-, son precisamente los que hacen que se le considere un instrumento: la portadora del orden.

Una mujer cualquiera portando el orden


Sin saberlo, o a lo mejor conscientemente, quién sabe, Paz está tirando por la borda la principal idea del feminismo liberal nacido en la Revolución Francesa, ese que precisamente representaba a la mujer como un ser superior al hombre por ser más 'bueno'; discriminación positiva que a la larga alimenta la diferencia entre roles y que está perfectamente representada en la siguiente frase de Olympe de Gouges (a la que decapitaron por defender su Declación Universal de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana): “La belleza y la valentía hace superior a la mujer”.

(Nota: que cuestione el feminismo liberal no quiere decir que no aplauda ni reconozca sus logros: ¡No pierde una la cabeza todos los días por defender un texto feminista-revolucionario en el S. XVIII!).

Octavio Paz podría haber sido un feminista punk que defendía la supresión de géneros y roles sexuales. Hubiese sido cuestión de tiempo que se hiciera una cresta rosa.

Octavio Paz arrepintiéndose del color escogido


Y sin más dilación, su texto:


Sin duda en nuestra concepción del recato femenino interviene la vanidad masculina del señor -que hemos heredado de indios y españoles-. Como casi todos los pueblos, los mexicanos consideran a la mujer como un instrumento, ya de los deseos del hombre, ya de los fines que le asignan la ley, la sociedad o la moral. Fines, hay que decirlo, sobre los que nunca se le ha pedido su consentimiento y en cuya realización participa sólo pasivamente, en tanto que 'depositaria' de ciertos valores. Prostituta, diosa, gran señora, amante, la mujer transmite o conserva, pero no crea, los valores y energías que le confían la naturaleza o la sociedad. En un mundo hecho a imagen de los hombres, la mujer es sólo un reflejo de la voluntad y querer masculinos. Pasiva, se convierte en diosa, amada, ser que encarna los elementos estables y antiguos del universo: la tierra, madre y virgen; activa, es siempre función, medio, canal. La feminidad nunca es un fin en sí mismo, como lo es la hombría.

(...). Para los mexicanos la mujer es un ser obscuro, secreto y pasivo. No se le atribuyen malos instintos: se pretende que ni siquiera los tiene. Mejor dicho, no son suyos sino de la especie; la mujer encarna la voluntad de la vida, que es por esencia impersonal, y en ese hecho radica su imposibildad de tener una vida personal. Ser ella misma, dueña de su deseo, su pasión o su capricho, es ser infiel a ella misma.

(...) El hombre revolotea a su alrededor, la festeja, la canta, hace caracolear su caballo o su imaginación. Ella se vela en el recato y la inmovilidad. Es un ídolo. (...) Analogía cósmica: la mujer no busca, atrae. Y el centro de su atracción es su sexo, oculto, pasivo. Inmóvil sol secreto.

(...). A su significación cósmica se alía la social: en la vida diaria su función consiste en hacer imperar la ley y el orden, la piedad y la dulzura. Todos cuidamos que nadie 'falte el respeto a las señoras', noción universal, sin duda, pero que en México se lleva hasta sus últimas consecuencias. Gracias a ella se suavizan muchas de las asperezas de nuestras relaciones de 'hombre a hombre'. Naturalmente habría que preguntar a las mexicanas su opinión; ese 'respeto' es a veces una hipócrita manera de sujetarlas e impedirles que se expresen. Quizá muchas preferirían ser tratadas con menos 'respeto' (que, por lo demás, se les concede solamente en público) y con más libertad y autenticidad.

(...). Es curioso advertir que la imagen de la 'mala mujer' casi siempre se presenta acompañada de la idea de actividad. A la inversa de la 'abnegada madre', de la 'novia que espera' y del ídolo hermético, seres estáticos, la 'mala' va y viene, busca a los hombres, los abandona. Por un mecanismo análogo al descrito más arriba, su extrema movilidad la vuelve invulnerable. (...). La 'mala' es dura, impía, independiente, como el 'macho'.

PAZ, Octavio. El laberinto de la soledad. Anthony Stanton ed. NY: Manchester University Press, 2008.

29.3.10

¡Tapáos los oídos, que viene Adorno!: Sobre jazz y asnos

Hace un tiempo fui a un concierto de jazz. Ocurrió un día de esos que presupones aburridos y sin más acción que abrir el paquete de cereales que compraste ayer. Justo tras cerrar la puerta que no pensaba cruzar hasta el día siguiente, mi compañero de piso me propuso que fuera con él al auditorio de la ciudad. Ese día el pase era gratuito como parte de un festival de jazz que se extendería toda la semana y cuya asistencia, que ni a él ni a mí nos apasionaba -de él lo noté por esa calificación de "elitist and high-educated" hacia el hipotético público- procuraría, al menos, un día más al paquete de cereales.

Estuvo bien, yo siempre soy de la opinión de que todo lo que entra en el cuerpo te aporta algo (gracioso, ¿eh?). Pero a mi compañero de piso no le gustó. Y mi otro acompañante, que de repente asomó la cabeza desde un rincón de mi memoria, tampoco parecía estar muy contento con el espectáculo ni con la gente que lo disfrutaba. No les quise presentar porque temía que de repente se aliaran en contra de los highbrow y hubiera bronca. Lo cierto es que tras escuchar un par de canciones, percibí la belleza del jazz. Era rítmico y dulce. Aunque también es verdad que era una belleza lineal y predecible. Creo que fue porque abusaron del momento climax. Y no, no había bebop.

A la salida, nos encontramos con un amigo, que a su vez iba acompañado de una amiga. Ambos, tocador de djembé uno y guitarrista la otra, aseguraron que el concierto de los tres grupos había sido magnífico, que chapeau. De repente mi acompañante II, que se trataba ni más ni menos que del viejo Theodor Adorno, se enojó. Empezó a chillarme al oído -como si los demás pudieran oirle y como si yo no le oyera ya bien desde algún lugar cercano al cogote- que eso sólo era "jazz como institución, taken for granted, desinfectado y bien lavado" y que "es notable el parecido del entusiasta del jazz con el del joven adepto del positivismo lógico, que se sacude la educación filosófica con el mismo celo con el que aquél renuncia a la musical".

Adorno enojado

Bueno bueno, Adorno, tampoco te pases, ¡que es amigo mío!, recuerda: los amigos de mis amigos son mis amigos, le decía yo por lo bajini. Pero él, obviando completamente mis consejos y con la coletilla de "yo he estudiado música y tú no", se sacó de la manga su libro Prismas y empezó a leerme el ensayo "Moda sin tiempo": "todos los entusiastas del jazz, en todos los países", me decía mientras se colocaba las gafas al inicio del puente de la nariz con el dedo corazón, "tienen en común el momento de la docilidad manifiesto en el paródico frenesí. Por ello recuerda su juego la animal seriedad de los séquitos en los estados totalitarios"

Tú siempre con tu obsesión por el nazismo. Sólo falta que me hables otra vez de Freud. Vale que te retiraron tu venia legendi, te persiguieron y tuviste que salir pitando de tu país, pero que te lo hayan hecho pasar mal no significa que ahora tengas que buscar de nuevo el monstruo fascista en la razón instrumental y la cultura de masas, ¡incluído el jazz! Recuerda que te han acusado de hiperradicalismo intelectual..

Pero él seguió casi sin escucharme, diciendo con rintintín que "cualquier adolescente que salga algo listo sabe hoy que la actual rutina apenas da lugar a la improvisación, y que lo que se presenta en público como improvisación espontánea ha sido aprendido cuidadosamente, con mecánica precisión. (...) Las llamadas improvisaciones se reducen a paráfrasis más o menos pobres de las fórmulas básicas, bajo cuya máscara se adivina el esquema a cada momento. Las mismas improvisaciones están ampliamente reguladas y se repiten constantemente". "Además, la standardización significa el robustecimiento del dominio duradero sobre las masas de oyentes y sobre sus conditioned reflexes. Se espera de ellas que no pidan sino exclusivamente aquello a que se las ha acostumbrado, y que se encolericen si algo no corresponde a las exigencias cuyo cumplimiento es para ellos algo así como los derechos del hombre del cliente". "La población está tan acostumbrada al abuso que se le infiere que no consigue renunciar a él ni siquiera cuando lo advina a medias; por el contrario, tiende a reforzar conscientemente su propio entusiasmo para convencerse de que la humillación es homenaj...". Por entonces ya había desconectado. Además, nos habíamos ido a un bar a tomar unas cervezas todos juntos y en harmonía, y el ruido de fondo me impedía oírle con claridad. Tampoco quería. Lo último que recuerdo es su acento alemán menguado por la lejanía y su intento por hacerse oír gritando "¡probablementeeee, la única teoría adecuada a estos hechos sea la psicoanalítica...!". Las cervezas que había bebido durante la noche habían hecho su efecto y Theo ya no podía competir con el alcohol que recorría mi sangre.

Al día siguiente me entró la curiosidad y recurrí al libro para ver qué decía. Adorno definía el jazz como "una música que, con simplicísima estructura melódica, armónica, métrica y formal, compone en principio el decurso musical con síncopas perturbadoras, sin tocar jamás la monótona unidad del ritmo básico, de los tiempos siempre idénticos". En su defensa, tengo que decir que mi amigo reconoce la posibilidad de que el jazz evolucione, pero en su eterno pesimismo por la cultura comercializada en un sistema capitalista, añade que estas tendencias renovadoras "vuelven regularmente a sucumbir al negocio, llámense swing o bebop, o pierden siempre su filo". Vaya, ni Gillespie se salva. El jazz es, dice Theo, "moda que se entroniza como cosa permanente y pierde precisamente por eso la dignidad de la moda, que es la dignidad de la caducidad". Vamos, una Moda sin Tiempo. Creo que nuestro amigo quería decir más o menos lo que Chomsky dice sobre el lenguaje: que tenemos libertad absoluta para rellenar unas estructuras que ya vienen prefijadas en nuestra mente.

Algo así como sorprenderse con que Richard Alpert tenga acento canario-mexicano pero sin dejar de ser consciente de que Lost recurre a tópicos bien manidos y eternos como los del bien/mal personificados o el recurso del "destino" y "la fe" para crear cambios increíbles en las trayectorias de los personajes. (Siento herir sensibilidades, era necesario incluir esto).

Para cuando terminé de leer el ensayito, ya me había paseado por todos los blogs conocidos, escuchado tres o cuatro discos y descubierto un video en Youtube donde anunciaban más conciertos para esa noche:




Me imaginé que el joven con el spray era Adorno, y que en lugar de dejar la cerveza en la mesa de un golpe, le tiraba el culín al saxofonista de la tarima mientras le gritaba con acento murciano: "¡Short-haired, que eres un short-haired!".

Por la noche, allí estábamos los tres de nuevo. La idea del ciclo "I hate jazz" era ofrecer al público todo lo que Adorno criticaba que le faltaba al jazz. El germano empezó a desvariar y a decirme que seguro que eran unos melenas, de esos que caen en el estereotipo del "artista hambriento que desprecia con desparpajo las exigencias convencionales", que serían unos "agentes de la distracción" introvertidos o locos egocéntricos y/o, seguramente, homosexuales castrados. Le dije que llamara a Freud y me dejara en paz
un ratito.

Después de ver el primer concierto, y sobre todo después de tanto pesimismo cinquentero, volví a creer que experimentar con el jazz es posible. Jean Louis (así se llamaba el grupo) utilizaba los instrumentos en su sentido más puro: para hacer música. Así, sin ninguna formalidad de antemano, el contrabajo se tocaba con un arco pero también se aporreaba como un tambor; lo que se necesitara para llegar incluso a sonidos metaleros. Lo que no cambió en los grupos siguientes. Chris Corsano, colaborador en las filas de Björk o Sonic Youth, tocó la batería con un arco, añadió su voz sintetizada y utilizó diversos objetos en su improvisación junto a JoeMcPhee, al parecer un muy famoso saxofonista del Free Jazz. Después vino TrioVD, londinenses que tampoco parecían muy limitados por las vías "vías mecánico-rituales" que Adorno asume en el jazz.

Después de los conciertos, nuestro amigo no dijo ni mú. No creo que en esos espectáculos hubieran "arreglos", ni fueran objeto de un "conformismo de segundo grado". De hecho, era frecuente algún que otro sonido estridente, así como que los músicos se bajaran (no todos a la vez y de vez en cuando) a por un vaso de agua. Tampoco eran melenudos, como anticipaba Adorno. Creo que cayó en la cuenta de que, desde que escribió su ensayo en 1955
hasta ahora, ha llovido mucho. Tranquilo, germano, tenías razón en una cosa: si estos grupos entran en el mercado cultural, adiós estridencia, hola estandardización. Pero mientras se encuentren en el circuito experimental, nos seguirán deleitando con dúos tales como el de trompetista humano- vocalista asno, al estilo Animals de Pink Floyd, pero en jazz.





Give me more, give me more:

+ Libro Prismas online (el ensayo "Moda sin tiempo", a partir de la p. 126).
+ Göran Therborn acusa a los teóricos de Frankfurt de "Hiperradicalismo intelectual" en su libro originalmente titulado
La Escuela de Frankfurt (Barcelona: Anagrama, 1972).
+ Video de Chris Corsano exhibiendo sus habilidades

21.1.10

Royal Caribbean en Haití

Es imposible que no sepas qué ha pasado en Haití. Cuánto está sufriendo la gente. Las muertes. Los destrozos. Y lo buenas que son las potencias internacionales, que no paran de dar muchos millones y mandar tropas de ayuda humanitaria. Como Estados Unidos o Francia, tan buenos ellos.

Propongo que hagamos un sano ejercicio mental para evitar que la agresiva aceleración de lo que ocurre en el presente no eclipse el origen de éste

Haití es el país más pobre de toda América. Un 75% de su población es dependiente de la agricultura y la pesca y su PIB no alcanza los 7.000 millones de dólares (como yo soy muy mala para interpretar números que pasen de los dos ceros, siempre comparo: el PIB de EE. UU., el primero del mundo, es de 13.790.000 millones). Wikipedia dixit.

Pero hace 200 años, aunque no lo creáis, Haití era un héroe. Fue el primer país de Latinoamérica y el Caribe en declarar su independencia y librarse del sistema esclavista que Francia, país colonizador, había instaurado para lucrarse del comercio de azúcar y café. A cambio de reconocer la independencia del país caribeño y levantar el bloqueo económico, Francia propone en 1826 una negociación llena de escurridizos impuestos e intereses. Es la llamada "deuda externa". Esta deuda ha ido creciendo con el paso del tiempo, y en 2009 alcanzó los 1.884 millones de dólares.

Ahora volvamos al presente.

¿No sería lógico que en lugar de hacer donaciones se cancelara esa deuda? Como dice el presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, "esas «generosas donaciones» provienen mayoritariamente de los acreedores del país. En lugar de hacer donaciones, sería preferible que anularan las deudas que tiene Haití con ellos: totalmente, sin condiciones e inmediatamente. ¿Podemos realmente hablar de donaciones cuando sabemos que la mayor parte de ese dinero servirá para el pago de la deuda externa o para el desarrollo de «proyectos de desarrollo nacional», decididos de acuerdo con los intereses de esos mismos acreedores y de las oligarquías locales?".

Yo me creo que las donaciones vayan a parar a la reconstrucción de los sectores que, precisamente, sirven a las transnacionales para lucrarse a costa de los recursos haitianos. Sólo hay que ampliar el campo de visión unos pocos quilómetros, 10 en concreto, para darse cuenta de la influencia que tienen los desastres naturales en las actividades económicas de transnacionales extranjeras: 0. En Labadee, al norte de la isla, se materializa el paradigma de la explotación: ciega, desapercibida, impasible. Lo de los minutos de silencio ya no se lleva.

Porque mientras en una parte de la isla muere su población, en la otra, previamente separada por una valla para que la pobreza no ensucie las bonitas playas, hordas de turistas llegan en cruceros de lujo para tomar el sol y autocomplacerse comprando a los vendedores ambulantes ("¡pobres negros! Menos mal que nosotros les damos trabajo...").

La compañía de cruceros Royal Caribbean, cuyos accionistas son en su mayor parte estadounidenses, ha declarado en su defensa que donó colchones y sillas que les sobraban para ayudar en un hospital improvisado. También ha dicho que los ingresos de los viajes irán destinados a las víctimas del terremoto (traducción: se les ofrecerá trabajo en el complejo turístico). Es una estrategia redonda: no sólo se regozija de explotar los recursos haitianos ante la desgracia humana que ocurre a unos pocos quilómetros, sino que además pretende quedar bien con el sistema de donaciones que tan bien sale a las potencias políticas.

La naturaleza destruye las casas de los haitianos, sus parques, sus hospitales, sus, en el peor de los casos, vidas. Pero hay algo mucho peor todavía: arrebatarles el sentido de pertenencia de todo ello, ese "sus" que la vergonzosa deuda externa que el Club de París exige, las empresas transnacionales y el libre (para quien hace las normas) comercio quieren dominar. Si de verdad los Países del Norte quieren ayudar a Haití, lo que necesitan los haitianos es recuperar su soberanía y dignidad, lo cual pasa indudablemente por la cancelación (total, no un oportunista 10%) de la deuda externa y la nacionalización de las actividades que explotan sus tierras. Así podrán ganar su propio dinero y dotar a su territorio de buenas infraestructuras que puede que salven algunas vidas si una catástrofe así vuelve a ocurrir.



Más info:

+ Foro social mundial 2005, por la anulación de la deuda externa.
+ ¿Donaciones para una deuda odiosa? (Rebelión)



Ps: Valencia, la ciudad sin ley, el feudo peperístico por excelencia, sigue siendo vapuleada: su historia se escurre, destruyen el arte y, básicamente, joden a la gente.




(Actualizo a día 23/1 con...:)

14.1.10

El pequeño salvaje


- ¿Qué pasa ahora?

- Acabará muriéndose aquí. No hacen más que exhibirlo como un fenómeno.
- Escuche, Itard. Este niño es un ser inferior. Es peor que un animal.
- Precisamente. A los animales se les cuida, se les educa, ¿por qué no se le puede educar a él también?
- ¿Cree que se le puede educar?
- No lo sé, pero no sirve de nada sacarlo del bosque y encerrarlo aquí como si lo castigaran por haber decepcionado a los parisinos.
- Escúcheme. Yo creo que es retrasado.

L´enfant sauvage. Truffaut.


(...) It is no coincidence that the film of Truffaut takes place in 1798 and in Paris, at the end of the French Revolution, when the concept of “citizen” grasps its highest meaning under the proclamation of the “Declaration of the Righs of Man and of the Citizen”. The dichotomy savage/ civilized, formed during the Age of Enlightenment, will be established as cultural imaginary of the Modern Europe, and the opposites nature/ civilization and rationalism/ irrationality will lead to the separation of the Modern Being from the nature and his/her subordination to the city. This radical fracture entails a new idea of the (modern) Human Being, bound up with the world´s bourgeois concept, based in the “setting up of the Man as lord and master of the nature”. The categorization of the savage as “subject to dominate, domesticate and civilize” just makes sense, therefore, with the learning of the modern dichotomy between Western reason and savage nature.


17.2.09

Va de morbo

La seguridad de que es más reality que nunca se ha corroborado con la noticia de que el causante de todo este drama televisado ha sido una persona joven y muy cercana a la familia, con el plus de haber estado incluso colgando carteles con los padres: más morbo para una parrilla televisiva ya podrida. Telecinco ha sido la cadena que, como viene siendo habitual, remueve hasta el último escombro para rescatar todos los detalles escabrosos de cualquier tragedia. No contentos con destinar gran parte de los informativos al tema, la cadena ha creado programas especiales con los que interaccionar con todos los implicados en el asunto. Sin ir más lejos, el pasado domingo un presentador preguntaba, con un forzado y falso rictus de tristeza, al portavoz de la familia Del Castillo si podía reconstruir “las últimas horas de Marta”. No contento con la descripción que recibió del asesinato, añadió: “no sé si se puede matar con un solo golpe de cenicero... supongo que serían más”. El afligido presentador se ofuscaba pidiendo más justicia para los asesinos, la cadena perpetua, mientras se regocijaba en el morbo con una niña de 14 años que, salvadas las espaldas frente a la justicia invitando también a su madre, fue llevada al programa con la coletilla de “la última novia del asesino”:

- Rocío tú eres muy joven pero, ¿tú sabes que has estado enamorada de un asesino?
- Sí.
- ¿Y cómo se lleva eso?
- Muy mal.

Ante todo, show must go on.

Se me plantean varias preguntas. La más evidente es la que cuestiona si se debe hacer eco en la televisión de las muertes. Teniendo en cuenta que en un pestañeo mueren miles de personas en el mundo, ¿cuál es el baremo que se debe utilizar para considerar más importante unas que otras? Uno de los principales criterios para el periodismo de hoy es la proximidad. Sin embargo, en términos espaciales, tan próxima es la muerte de una sevillana como las de inmigrantes en las costas canarias. La diferencia, pese a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es clara: la inmigración es considerada uno de los focos de delincuencia por la opinión pública. Consideración que, asegura Bauman, facilita al Estado recuperar un papel como protector de la ciudadanía frente a la incertidumbre que provoca en la población el mercado no regulado (véase: paro, precariedad, abusos laborales... frente a los que el estado mira hacia el lado del laissez faire).

Dejando aparte el acoso estatal al que son sometidos los inmigrantes y volviendo al tema del drama televisado, me dirán ustedes, remarcando el carácter fatídico del hecho, que se trata de un asesinato, y no de algo accidental como las muertes de los magrebíes. Como tampoco son accidentales los cuatro (no estoy segura de la cifra) asesinatos machistas que ya suma el 2009. Así que, la clave de la atención que ha absorbido este escándalo es que ha permitido un seguimiento desde el principio.

La historia me recuerda, a grandes rasgos, a la persecución televisada que en Fahrenheit 451 sufre Montag. Desde un helicóptero se graba su búsqueda policial por toda la ciudad y se retransmite por televisión, ese electrodoméstico que se cuela en las casas sin avisar de su poder. “Saben que sólo pueden retener al auditorio un tiempo determinado. El espectáculo tendrá muy pronto un final brusco”, dice uno de los personajes. Y qué razón tiene: los programas basura seguirán exprimiendo este caso con halo sentimentaloide hasta que se agote o, en su defecto, aparezca otro mejor.

19.12.08

Alicia Bajo Cero


En el orden internacional, la hegemonía del capitalismo imperialista no sólo está contribuyendo a la miseria y muerte de sectores cada vez más terriblemente amplios de la población y a la destrucción irreversible del medio ambiente sino que ha promulgado —bajo el espejismo del estado de bienestar y la defensa a ultranza, fundamentalista, del confort privado— la difusión masiva de la corrupción política y un individualismo sin reparos. Este marco ideológico ha encontrado su más propicio aliado en una supuesta postmodernidad cuyas principales proclamas vienen a ser la amnesia histórica —la propia noción de historia parece haber perdido relevancia—, el rechazo de todo criterio ético o moral y el más impasible y frívolo de los pragmatismos. Las descaradas invasiones militares han aprendido a sublimarse —que no a desaparecer— en forma de colonización informativa y cultural, de manera que el invadido puede ahora serlo libremente, por propia opción, mediante un cotidiano gesto de entretenido zapping.
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Colectivo Alicia Bajo Cero. "Cultura y Revolución" en Poesía y poder. Valencia: Ediciones Bajo Cero, 1996. (Íntegro y descargable en Mlrs)

13.6.08

Fragmentos de sabiduría: Antonio Méndez

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Pues sí, cada una tiene sus neuras. Y la mía es la de la naturalización. Se puede entender a partir del texto que sigue. Es un pequeño fragmento de un gran ensayo de Antonio Méndez Rubio titulado La apuesta invisible (vaya, el titulo ya dice bastante.. :P), en el que conjuga los estudios culturales con la crítica política y social.
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La ideología masiva, en el sentido que usaría Williams de “modo entero de vida”, se presenta así como en el caso de Disney acorazándose en una oficialidad pública que la naturaliza como instrumento de poder. Esta naturalización, concebida como tendencia a no reconocer los propios intereses o la propia naturaleza ideológica, creo que puede compendiarse en cuatro grandes pilares de lo que, según esto, podría considerarse una ideología de la no-ideología: la (no) ideología de la competitividad, la (no) ideología del consumo, la (no) ideología de la tecnología, la (no) ideología del imperio. La competitividad actúa como valor dinámico, componiendo una dialéctica entre exclusión social e individualismo posesivo en la que éste funciona de forma compensatoria, prometiendo todo aquello que evacua la lucha por no quedar fuera de juego (confianza, estabilidad de los vínculos, solidaridad...). Como en el diseño estándar de los concursos televisivos, al mejor estilo Gran Hermano o también (más suave y metódicamente) Operación Triunfo, la convivencia y el apoyo mutuo sólo pueden ser un pasaje temporal, sometido a la implacable mecánica de la nominación. Este tipo de programas masivos renueva con ello la vitalidad de la nueva Sociedad Titanic, es decir, aquella que ha naturalizado como nunca la feroz ley del “sálvese quien pueda”.
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MÉNDEZ RUBIO, Antonio. La apuesta invisible. Cultura, globalización y crítica social. Montesinos (Ensayo), 2003