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12.12.10

I

Morir. Morir insomne y desierta. Cuando todo huela a caléndulas y a mar. Amar. Cuando el mundo se convierta en el último murmullo de Dios, cuando no haya más silencio que el batir de alas de un pájaro ciego. Llover. Lluviar toda la fe que se me pudre en las heridas, hablar en monosílabos, morder la pulpa del dolor. Morir. Morir atenta, con el estómago vacío y los ojos muy abiertos. Mirar. Mirarlo todo, el cuerpo violentado de la niña, la sangre coagulada de los perros, el genocidio de poetas. Entender. Saber que en estas horas todo es mentira, el olvido, la guerra, la resurrección y el tiempo. Dormir. Dormir es imposible. Por eso digo que es mejor morir.


7.12.10

Mañana le veré



Últimamente nada parece valer. Ni
escanear respuestas en la poesía,
ni un escondite tras las pantallas,
ni habitar un frente seguro en la lejanía: nada
te invita a dormir.

Existe, sin embargo, la caricia ausente.
Existe, pues, un hombre que no te ve,
pero se las ingenia para llegar a ti en
.......................................................eco
y sin quererlo ni saberlo te sopla las heridas
como un tren con silbido de viento.
Sin citas ni rimas ni nombres:
tiene más autoridad que tú.
.
Se pasea con forraje a sus espaldas,
mesurando el cielo a ojo y el barro a sus pies,
contemplando el agua como la vida. Luego,
toca mis manos.
.
Es la Paz que no tiene el devenir.
.
Deja la esquizofrenia para quienes, corroídos por la duda, dicen reinventar los símbolos y acaban únicamente destruyendo, que no transformando.
.
Me dice que me aleje.
Que no vale la pena, que recupere el sentido no llores que al final
todo es un fraude.
La hora y media de decir la verdad acabó con la piel
y sin embargo la película sigue. Todo
es mentira, todo
es mentira
menos este insomnio

y el mañana.



19.8.10

eeeoooo...

Masticas, tragas, inicias el proceso digestivo y no sabes si habrá recompensa. En realidad no era un problema en sí sino una de estas situaciones cuya esencia cambia por completo y te empiezas a preguntar todo eso del origen y el objetivo: que qué hago aquí, qué quiero conseguir, ¿soy feliz? Todos esos rollos patateros que una adolescente debería tocar sólo de vez en cuando y si la película lo exige. En una situación así es difícil saber cómo actuar. Digo yo: si sabes cómo terminará, aunque cueste te esfuerzas para recibir eso, la recompensa. Pero si no, es mucho más difícil. Ya te digo. Igualmente, ser impulsiva siempre me ha ayudado.

Yo estaba allí sentada, sin mucha más aura que el humo del puro que Vicente fumaba y sin mucho más interés que el que me suscitaban los champiñones crudos de la ensalada. Ellos hablaban desde los sofás sobre la empresa, de que era mejor crear una Sociedad Anónima que una Sociedad Limitada porque claro, luego se podría unir David al negocio. Y a David lo necesitaban, porque era Dive Master. Yo pregunté, aprovechando un silencio de-intercambio-de-interlocutor, que cómo es posible que un no-socio, alguien que no ha puesto dinero en un principio para la creación de la empresa, pudiera entrar en la Sociedad Anónima. ¿Por qué no le contratáis y ya está? Pero el humo del puro vaciaba mi voz; tanto, que al parecer se disolvió con él. No me hicieron ni puto caso. Eeeeooooooo... Como hilo musical, ruido en la emisión más bien, el niño berreaba en los brazos de Puri, esposísima de Vicente. La técnica de combate masculina –fumar el puro– tampoco era un antídoto eficaz contra la juventud del retoño: el humo no mellaba las cuerdas vocales del berreador, así que su madre le llevó a la cuna, porque hay que dejarles llorar solos, que así aprenden. Ella intentaba darme conversación, algo así como acoplarse al plano que le corresponde, porque esas cosas de hombres y puros no eran de su incumbencia. Pero se le olvidaba que yo sólo tenía diecisiete y ningún hijo, no me gustaban los champiñones crudos y detestaba hablar de la decoración de la casa como un fin en sí mismo. Cuando hablas de la decoración es que pasas demasiado tiempo en casa, es algo lógico, y a mí, además de rehuirlo por cuestiones morales, me aburre soberanamente.

Pero Que no me olvide, me decían sus ojos de madre agobiada y mujer resignada, que no me olvide de que yo había ido en calidad de. Por/ de parte de/ gracias a? el pescatero de manos grandes y cuerpo pequeño que estaba ahí sentado, dándome la espalda, olvidándome en el tumulto de manteles de flores y chupetes esterilizados. Pero aún así yo entendía a Puri: había irrumpido en su hogar de pies de barro con una juventud que sólo les recordaba la pérdida, y eso jodía, jodía que ni siquiera intentara acoplarme al ambiente: ¡qué desfachatez! Esta niña, esta Lolita, esta... Pero, ¡oigan, escuchen ustedes! ¿Ni siquiera la diferencia de edad suponía un cambio cualitativo en ese tipo de ordenación parejil? Te invito a ti, y a tu señora o novia o hija o muñeca hinchable, ¡qué más da, mientras se siente y se calle! Ay, el mundo adulto se presentaba peor cuanto más cerca estaba.

Que no, que no sabía cómo actuar condescendientemente ni tenía interés en saberlo, y además me aburría la situación y me agobiaba la cara de ojeras y muecas de Puri, y el barrigón de Vicente, siempre inmóvil mientras decía ¡trae unas papitas!, y la indiferencia del pescatero, que de repente no era nada mío, porque yo ya había aprendido drásticamente que dos cuerpos se unen una noche sin que eso suponga que al día siguiente se reconozcan.

Frente a las situaciones que me aburren me pongo nerviosa, dejo de escuchar el sonido ambiente y me enzarzo en pensamientos que muchas veces llegan a un fin destructivo. Para los demás, claro, no para mí. Que no era una Lolita seductora ni una Lulú sumisa ni una enamoradiza Betty Blue; que no Puri, que me callo para que no me pidáis que calle, que tus ojos me apenan, y que si me aburro me voy. Así que me voy, me voy. Que en todo caso yo soy Anna Planeta, patronando un barco marxista por el Sena; o un hard candy, maltratándote psicológicamente; y me llamo Patricia, y te asesino a ti, Belmondo, pobre enamorado, en medio de la avenida. No, no quiero esperar a que termines. Me voy andando a casa, y que te vaya bonito, que hay demasiados cuerpos errantes en la noche como para encerrar el mío en convenciones y tópicos manidos.

30.11.09

Otra vez insomnio

Mi suite, mi cuarto
menguante
en el que yo también encojo.
Lejos Pizarnik, prisa desafiante: viene Capote
busco energía (música): aporreo el libro de sociología,
detesto la soledad lectora, la luz dura enfocando
la causa y el efecto, la prosa, el porno
de la ciencia y el postmodernismo; pero
I happen to be european
ceno a las 6 y me olvido de los somalíes, Irak, Afganistán
y de la crisis porque aquí
ya es Navidad.
Ando cínica por el barro con olor a heavy metal
temerosa, deseosa
de ver las célul(os)as
que surgen tras la división.

5.10.08

Todavía recostándose en el sillón biplaza, ella cree recordar que tenía la virtud de la buena memoria. “No es el caso”, se consuela mientras mira la chimenea. Su retina refleja la imagen en el fuego: un colchón, abrazos, besos. Quizá sexo. Final inconcluso. El movimiento de las llamas abstrae lo suficiente como para acallar la marejada mental. Sin embargo, piensa en futurístico sobre la posibilidad de que se abra la puerta.

- Cuántas veces tendré que decírtelo: las caricias son puntuales –suena una voz quebrada desde la mecedora contigua al sillón en el que se sienta. (Siempre hay una mecedora frente a una chimenea).

Gira levemente la cabeza. No se había percatado de su presencia. Es viejo y su aspecto es descuidado en conjunto, a excepción de unas bonitas manos que reposan sobre su barriga.

- ¿Qué haces tú aquí? –despectivamente- Ya he dicho que no es el caso. Acaba de ocurrir ahora mismo. Deja que reflexione un poco. ¡Déjame en paz!

- Te equivocas en los conceptos. Todo ha pasado. Todo es pasado. Por eso estoy yo aquí. Debo supervisar una correcta organización de los recuerdos por parte de tu memoria -a veces su voz quebrada diluía el tono pedante que utilizaba.

- Oh venga, por favor. A Losantos le hace más falta que a mí. Todavía estoy asimilando lo que ha pasado ahí dentro. No me gustan las imposiciones, ¿sabes? Para que lo entiendas: eres como una jugosa naranja a la que puedo morder en cualquier momento. No eres impenetrable. ¿Por qué si no hay diversos puntos de vista históricos?

Las manos del viejo Pasado se mueven al ritmo de sus pausadas vocalizaciones. Es el único movimiento que realiza. La mecedora, superando la básica inercia, permanece pétrea. Aún así, ella no observa las hazañas del viejo. Ambas miradas están fijas en el fuego, la única fuente de luz en todo el salón.

- Para que lo entiendas tú –carraspea–: yo soy como el espejo retrovisor de un coche. Estoy al alcance de tu mirada, pero siempre te mostraré el camino que ya has recorrido.

- Pero en ese presente –abre los ojos, como si quisiera absorber con ellos el aire de sus palabras– el camino recorrido puede haber cambiado en el momento en el que miro: un nuevo coche, un nuevo paisaje…

- ¡Ah no! –levanta las manos, pierde el control: rechina la madera– ¡ya me sé el sermón de Heráclito! Yo te hablo de recuerdos, de memoria. Tu capacidad de percepción sólo te permite recoger una o dos imágenes de las mil que se crean en tu retina al segundo.

En ese momento se abre la puerta. Una cabeza asoma por el quicio.

- ¿Qué haces ahí? Vuelve a la cama, anda…

Ella desvía la mirada. Se levanta sin responder. No mira hacia atrás. Entra a la habitación mientras el fuego refulge dentro de la chimenea. Frente a él, la mecedora tambalea humanamente.