10.4.09
7.4.09
Los primeros caballeros
A Joachim Saber, esposo de la canciller Angela Merkel y primer caballero de Alemania, parece no haberle sentado muy bien la comparación que The Guardian hacía entre él y su homólogo argentino Néstor Kirchner. El moderno estilo de Saber, que se presentó a la cumbre del G20 con un modelo sport de Voux&Co –prestigiosa marca estadounidense–, no pareció deslumbrar en la recepción del evento. “Saber parecía el recogepelotas de un partido de tenis al lado de Kirchner, que portaba elegantemente un traje de corte clásico muy adecuado para la ocasión”, tildaba el diario inglés.
Por suerte o por desgracia, las críticas nunca se han dado. Tampoco se hubiera publicado algo parecido si Saber y Kircher hubieran asistido a la cumbre del G-20 acompañando a sus esposas, Angela Merkel y Cristina Fernández, respectivamente. Ni su ausencia ha sido motivo noticiable. Sí lo ha sido, en cambio, la ausencia de Sonsoles Espinosa, compañera de José Luis Rodríguez Zapatero, quien decidió no asistir a la llamada “cumbre de las primeras damas”; cuyo objetivo viene a ser, básicamente, el de reunir a las mujeres de los jefes de Gobierno para proporcionar abundante, trascendente y necesaria información sobre su estilista, peinado, diseñador de traje, colores, joyas, gestos y belleza de las candidatas a copar tanto portadas de prensa rosa como de diarios generalistas.
Las “primeras damas” son comparadas entre ellas y juzgadas por su vestimenta. Sonsoles Espinosa ha sido apodada como “la nueva Carla Bruni” incluso antes de que asistiera a la cumbre, por lo que no me extraña que haya declinado la invitación para ser una de las figuritas que adornan el pastel que se reparten sus respectivos en otra sala. La mujer de Zapatero, aunque muchos editores de periódicos no lo crean, tiene vida propia: es soprano y está preparando su papel en una representación en el teatro Chatelet de París. Ni milita en el PSOE. ¿Por qué debería ir a un acto político para el que no se la ha votado como representante? ¿Para adornar el pastel?
Ya basta de considerar a las mujeres, incluso a las que ostentan un cargo político, meras perchas de atuendos que supuestamente las definen. El asunto, si profundizamos en él, es serio. No se habla de los trajes de los hombres porque es demasiado violento relegarles a lo que expresa el color de sus corbatas. Más aún mientras sus mujeres deciden “qué hacer con el mundo", como ocurre en el caso de Saber y Kirchner. Los medios de información han hecho un acuerdo tácito: el hombre público ha de dedicarse expresamente a los asuntos serios; de la mujer pública, sin embargo, se puede especular sobre su vestido o su peinado, como si su imagen dependiera de cómo camina y no de lo que dice o las políticas que implementa. Menos mal que hay dos primeros caballeros de Alemania y Argentina para hacer patente el machismo que todavía impera en la política. Del tipo de política (digo, economía) de la que se hace gala, mejor ni hablamos.
5.4.09
El caso es que vislumbró un viaje rodeado de toda suerte de artilugios que faciliciban su dinánima de planificación anarquista y tenían en común, casualidad, un mismo color: una tienda de campaña roja, sus mofletes rojos de tanto mordisco, el sol rojo vespertino. Se vio durmiendo dentro de la tienda, pero esta vez sin necesidad de amontonar edredones y esterillas prestadas, ya que la arena fina servía de colchón a sus atípicas noches a ras de mar. Las duchas eran, si cabe, el elemento más carismático de todo el conjunto: debían ganarse la confianza de toda la gente que esperaba sobre esas tablas de madera para, un vez utilizaran el champú y el gel tal y como hacían en sus casas, no se escandalizaran. No se preocupaban por la confianza de la gente del bar cuyo baño les servía para acicalarse por la mañana, ya que, pensaban, para eso pagamos el desyuno.
Pensó en recorrer la costa mediterránea haciendo autostop y pernoctando en las playas. Quizá fuera por los tonos de música revolucionaria, pero sólo quería que él lo entendiera enseguida, que leyera su mente, que le dijera: sí, o que discutiera los elementos más banales de su planificación anarquista, como qué libros llevar o si sería conveniente coger un saco sabiendo que por las mañanas iban a despertarse con un baño en el mar. Quería compartir con él lo que no podría compartir con ninguna otra persona: libertad.
21.3.09
mientras otros amasan el pan
otros tejen la ropa
en mundos aparte.
***
A bocanadas de azufre
muere la luz de los amaneceres en las aldeas borradas
de la faz de los buscadores
en la interfaz de google earth.
7.3.09
La revolución se dispersa
Santiago había formado parte de aquella multitud, y había tenido la impresión de que existía un relevo permanente: aún cuando tú dejaras de hacer algo, otro lo haría, igual que tú harías lo que otro hubiera dejado de hacer. Entonces era posible abandonar a ratos, pero nadie quería abandonar; había una guerra contra el sistema, pero era una guerra de charangas, fiestas, reuniones hablando de mezclas disparatadas, guerrilla y no-violencia, revolución y locura, y viajes al mar, y películas y acampadas junto al monte de Ocejón. Una guerra sin bajas. Una guerra sin pérdidas. Una guerra casi feliz: la vida no estaba en juego.
En cambio ahora sí lo estaba. Por eso se había dispersado la multitud. Ahora las cosas latían, bárbaras, envilecedoras, exultantes también. Cada decisión implicaba un sueldo posible o uno imposible, una casa o un apartamento, alquilar o comprar, compartir la vida con la persona adecuada o equivocarse, abrir la trayectoria o cerrarla, vencer o quedarse fuera, quedarse atrás. La multitud se había dispersado.
3.3.09
hasta que mi pasión
y mi poesía y mi esperanza
sean como la que anda por la calle;
hasta que pueda ver con los cerrados
el dolor que ya veo con los ojos abiertos.
****
Tu rostro sale del espejo como un ala que abandona el instante. Yo amo tu rostro en el espejo; yo
amo cuanto me está abandonando.
17.2.09
Va de morbo
- Rocío tú eres muy joven pero, ¿tú sabes que has estado enamorada de un asesino?
- Sí.
- ¿Y cómo se lleva eso?
- Muy mal.
Ante todo, show must go on.
Se me plantean varias preguntas. La más evidente es la que cuestiona si se debe hacer eco en la televisión de las muertes. Teniendo en cuenta que en un pestañeo mueren miles de personas en el mundo, ¿cuál es el baremo que se debe utilizar para considerar más importante unas que otras? Uno de los principales criterios para el periodismo de hoy es la proximidad. Sin embargo, en términos espaciales, tan próxima es la muerte de una sevillana como las de inmigrantes en las costas canarias. La diferencia, pese a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es clara: la inmigración es considerada uno de los focos de delincuencia por la opinión pública. Consideración que, asegura Bauman, facilita al Estado recuperar un papel como protector de la ciudadanía frente a la incertidumbre que provoca en la población el mercado no regulado (véase: paro, precariedad, abusos laborales... frente a los que el estado mira hacia el lado del laissez faire).
Dejando aparte el acoso estatal al que son sometidos los inmigrantes y volviendo al tema del drama televisado, me dirán ustedes, remarcando el carácter fatídico del hecho, que se trata de un asesinato, y no de algo accidental como las muertes de los magrebíes. Como tampoco son accidentales los cuatro (no estoy segura de la cifra) asesinatos machistas que ya suma el 2009. Así que, la clave de la atención que ha absorbido este escándalo es que ha permitido un seguimiento desde el principio.
La historia me recuerda, a grandes rasgos, a la persecución televisada que en Fahrenheit 451 sufre Montag. Desde un helicóptero se graba su búsqueda policial por toda la ciudad y se retransmite por televisión, ese electrodoméstico que se cuela en las casas sin avisar de su poder. “Saben que sólo pueden retener al auditorio un tiempo determinado. El espectáculo tendrá muy pronto un final brusco”, dice uno de los personajes. Y qué razón tiene: los programas basura seguirán exprimiendo este caso con halo sentimentaloide hasta que se agote o, en su defecto, aparezca otro mejor.
15.2.09
7.2.09
AMÉN
Mientras
consumamos nuestras angustias
consumiéndonos preguntamos
qué decir cuando todo suena
a ya dicho,
cuando el sentido de
cada
una
de
nuestras
palabras
ha sido planeado
preparado
desactivado
prefabricado
pues al parecer hace tiempo que
además del espinazo
también nos partieron
la boca.
---
Poema del Grupo Arbeit, extraido del nº20 de la revista MLRS, al que podéis acceder directamente desde aquí.

