31.3.10

Mira


Tengo que contarte algo, Mark Cooper. Desde las 12:30 del día 29 hasta ahora, casi 4 del día 31, he dormido 6 horas, lo que suma unas 35 horas casi seguidas de estancia en el mundo de la consciencia. No dormir tiene sus ventajas. La basura mental que se supone que eliminas durante el sueño se acumula en mi cabeza. Trabajo en su reciclaje y posterior uso. Junk it up. Durante el día, un narrador hace lo suyo con cada trozo de mierda; me recuerda la mancha de sangre en mi cama, referencia sin pudor a Ray Loriga ("da gusto pensar que alguien se va a morir después de hacerlo contigo") y recurre a Christina Rosenvinge para darle melancolía cotidiana al asunto. Y así, entrecerrados los ojos, caigo en la cuenta de que todo es veneno, de que el ipod que todos llevan en el bus no es sino una prótesis más que repara nuestra falta de melodía.



Foto: M. D. A.

29.3.10

¡Tapáos los oídos, que viene Adorno!: Sobre jazz y asnos

Hace un tiempo fui a un concierto de jazz. Ocurrió un día de esos que presupones aburridos y sin más acción que abrir el paquete de cereales que compraste ayer. Justo tras cerrar la puerta que no pensaba cruzar hasta el día siguiente, mi compañero de piso me propuso que fuera con él al auditorio de la ciudad. Ese día el pase era gratuito como parte de un festival de jazz que se extendería toda la semana y cuya asistencia, que ni a él ni a mí nos apasionaba -de él lo noté por esa calificación de "elitist and high-educated" hacia el hipotético público- procuraría, al menos, un día más al paquete de cereales.

Estuvo bien, yo siempre soy de la opinión de que todo lo que entra en el cuerpo te aporta algo (gracioso, ¿eh?). Pero a mi compañero de piso no le gustó. Y mi otro acompañante, que de repente asomó la cabeza desde un rincón de mi memoria, tampoco parecía estar muy contento con el espectáculo ni con la gente que lo disfrutaba. No les quise presentar porque temía que de repente se aliaran en contra de los highbrow y hubiera bronca. Lo cierto es que tras escuchar un par de canciones, percibí la belleza del jazz. Era rítmico y dulce. Aunque también es verdad que era una belleza lineal y predecible. Creo que fue porque abusaron del momento climax. Y no, no había bebop.

A la salida, nos encontramos con un amigo, que a su vez iba acompañado de una amiga. Ambos, tocador de djembé uno y guitarrista la otra, aseguraron que el concierto de los tres grupos había sido magnífico, que chapeau. De repente mi acompañante II, que se trataba ni más ni menos que del viejo Theodor Adorno, se enojó. Empezó a chillarme al oído -como si los demás pudieran oirle y como si yo no le oyera ya bien desde algún lugar cercano al cogote- que eso sólo era "jazz como institución, taken for granted, desinfectado y bien lavado" y que "es notable el parecido del entusiasta del jazz con el del joven adepto del positivismo lógico, que se sacude la educación filosófica con el mismo celo con el que aquél renuncia a la musical".

Adorno enojado

Bueno bueno, Adorno, tampoco te pases, ¡que es amigo mío!, recuerda: los amigos de mis amigos son mis amigos, le decía yo por lo bajini. Pero él, obviando completamente mis consejos y con la coletilla de "yo he estudiado música y tú no", se sacó de la manga su libro Prismas y empezó a leerme el ensayo "Moda sin tiempo": "todos los entusiastas del jazz, en todos los países", me decía mientras se colocaba las gafas al inicio del puente de la nariz con el dedo corazón, "tienen en común el momento de la docilidad manifiesto en el paródico frenesí. Por ello recuerda su juego la animal seriedad de los séquitos en los estados totalitarios"

Tú siempre con tu obsesión por el nazismo. Sólo falta que me hables otra vez de Freud. Vale que te retiraron tu venia legendi, te persiguieron y tuviste que salir pitando de tu país, pero que te lo hayan hecho pasar mal no significa que ahora tengas que buscar de nuevo el monstruo fascista en la razón instrumental y la cultura de masas, ¡incluído el jazz! Recuerda que te han acusado de hiperradicalismo intelectual..

Pero él seguió casi sin escucharme, diciendo con rintintín que "cualquier adolescente que salga algo listo sabe hoy que la actual rutina apenas da lugar a la improvisación, y que lo que se presenta en público como improvisación espontánea ha sido aprendido cuidadosamente, con mecánica precisión. (...) Las llamadas improvisaciones se reducen a paráfrasis más o menos pobres de las fórmulas básicas, bajo cuya máscara se adivina el esquema a cada momento. Las mismas improvisaciones están ampliamente reguladas y se repiten constantemente". "Además, la standardización significa el robustecimiento del dominio duradero sobre las masas de oyentes y sobre sus conditioned reflexes. Se espera de ellas que no pidan sino exclusivamente aquello a que se las ha acostumbrado, y que se encolericen si algo no corresponde a las exigencias cuyo cumplimiento es para ellos algo así como los derechos del hombre del cliente". "La población está tan acostumbrada al abuso que se le infiere que no consigue renunciar a él ni siquiera cuando lo advina a medias; por el contrario, tiende a reforzar conscientemente su propio entusiasmo para convencerse de que la humillación es homenaj...". Por entonces ya había desconectado. Además, nos habíamos ido a un bar a tomar unas cervezas todos juntos y en harmonía, y el ruido de fondo me impedía oírle con claridad. Tampoco quería. Lo último que recuerdo es su acento alemán menguado por la lejanía y su intento por hacerse oír gritando "¡probablementeeee, la única teoría adecuada a estos hechos sea la psicoanalítica...!". Las cervezas que había bebido durante la noche habían hecho su efecto y Theo ya no podía competir con el alcohol que recorría mi sangre.

Al día siguiente me entró la curiosidad y recurrí al libro para ver qué decía. Adorno definía el jazz como "una música que, con simplicísima estructura melódica, armónica, métrica y formal, compone en principio el decurso musical con síncopas perturbadoras, sin tocar jamás la monótona unidad del ritmo básico, de los tiempos siempre idénticos". En su defensa, tengo que decir que mi amigo reconoce la posibilidad de que el jazz evolucione, pero en su eterno pesimismo por la cultura comercializada en un sistema capitalista, añade que estas tendencias renovadoras "vuelven regularmente a sucumbir al negocio, llámense swing o bebop, o pierden siempre su filo". Vaya, ni Gillespie se salva. El jazz es, dice Theo, "moda que se entroniza como cosa permanente y pierde precisamente por eso la dignidad de la moda, que es la dignidad de la caducidad". Vamos, una Moda sin Tiempo. Creo que nuestro amigo quería decir más o menos lo que Chomsky dice sobre el lenguaje: que tenemos libertad absoluta para rellenar unas estructuras que ya vienen prefijadas en nuestra mente.

Algo así como sorprenderse con que Richard Alpert tenga acento canario-mexicano pero sin dejar de ser consciente de que Lost recurre a tópicos bien manidos y eternos como los del bien/mal personificados o el recurso del "destino" y "la fe" para crear cambios increíbles en las trayectorias de los personajes. (Siento herir sensibilidades, era necesario incluir esto).

Para cuando terminé de leer el ensayito, ya me había paseado por todos los blogs conocidos, escuchado tres o cuatro discos y descubierto un video en Youtube donde anunciaban más conciertos para esa noche:




Me imaginé que el joven con el spray era Adorno, y que en lugar de dejar la cerveza en la mesa de un golpe, le tiraba el culín al saxofonista de la tarima mientras le gritaba con acento murciano: "¡Short-haired, que eres un short-haired!".

Por la noche, allí estábamos los tres de nuevo. La idea del ciclo "I hate jazz" era ofrecer al público todo lo que Adorno criticaba que le faltaba al jazz. El germano empezó a desvariar y a decirme que seguro que eran unos melenas, de esos que caen en el estereotipo del "artista hambriento que desprecia con desparpajo las exigencias convencionales", que serían unos "agentes de la distracción" introvertidos o locos egocéntricos y/o, seguramente, homosexuales castrados. Le dije que llamara a Freud y me dejara en paz
un ratito.

Después de ver el primer concierto, y sobre todo después de tanto pesimismo cinquentero, volví a creer que experimentar con el jazz es posible. Jean Louis (así se llamaba el grupo) utilizaba los instrumentos en su sentido más puro: para hacer música. Así, sin ninguna formalidad de antemano, el contrabajo se tocaba con un arco pero también se aporreaba como un tambor; lo que se necesitara para llegar incluso a sonidos metaleros. Lo que no cambió en los grupos siguientes. Chris Corsano, colaborador en las filas de Björk o Sonic Youth, tocó la batería con un arco, añadió su voz sintetizada y utilizó diversos objetos en su improvisación junto a JoeMcPhee, al parecer un muy famoso saxofonista del Free Jazz. Después vino TrioVD, londinenses que tampoco parecían muy limitados por las vías "vías mecánico-rituales" que Adorno asume en el jazz.

Después de los conciertos, nuestro amigo no dijo ni mú. No creo que en esos espectáculos hubieran "arreglos", ni fueran objeto de un "conformismo de segundo grado". De hecho, era frecuente algún que otro sonido estridente, así como que los músicos se bajaran (no todos a la vez y de vez en cuando) a por un vaso de agua. Tampoco eran melenudos, como anticipaba Adorno. Creo que cayó en la cuenta de que, desde que escribió su ensayo en 1955
hasta ahora, ha llovido mucho. Tranquilo, germano, tenías razón en una cosa: si estos grupos entran en el mercado cultural, adiós estridencia, hola estandardización. Pero mientras se encuentren en el circuito experimental, nos seguirán deleitando con dúos tales como el de trompetista humano- vocalista asno, al estilo Animals de Pink Floyd, pero en jazz.





Give me more, give me more:

+ Libro Prismas online (el ensayo "Moda sin tiempo", a partir de la p. 126).
+ Göran Therborn acusa a los teóricos de Frankfurt de "Hiperradicalismo intelectual" en su libro originalmente titulado
La Escuela de Frankfurt (Barcelona: Anagrama, 1972).
+ Video de Chris Corsano exhibiendo sus habilidades

26.3.10

última mente


Llámame friki pero
últimamente,
los días parecen links rotos


Foto: Mayka

12.3.10

Sobre miembros pequeños y grandes cerebros

De teleseries de humor al debate político. ¿Cómo es posible? ¿Por qué los actores no se dedican simplemente a hacer bromas y a aspirar a que su nombre se funda con el de la marca de alguna internacional? ¿Es que tenemos que soportar la ideología de los personajes públicos?

Ya se sabe lo que el actor Willy Toledo dijo sobre Cuba. Lo que no se ha compilado es lo que los demás han dicho de él. José Javier Esparza en La Linterna se preguntaba “si hay derecho a que una sociedad democrática otorgue, subvencione y sostenga altavoces de enorme peso en boca de personas furiosamente antidemócratas”. Democracia. Esa palabra que todos usan pero nadie sabe muy bien cuál es su mecha y dónde está su dinamita. El de la Cope sigue: "Este es el mensaje de un carcelero, de los que piensa que los que piensan diferente han de estar en la carcel y, si se mueren, mejor (…)”. Y por si no queda claro quién es el bueno y quién el malo, concluye definiendo a Toledo como “un individuo que acusa al pobre negro Orlando Zapata de ser un detenido común". Bravo.

Todos los medios, con más o menos discrección a la hora de tergiversar las palabras de Toledo, se lanzaron horrorizados a desmarcarse de tal ofensa al mainstream. Telemadrid lo expuso así:

"Sobre la muerte de Orlando Zapato ha hablado este lunes el actor Willy Toledo. Él se movilizó en la huelga de hambre de la activista saharaui Aminetu Haidar, pero a los cubanos encarcelados por exigir la libertad los tacha de delincuentes y terroristas".

De esta forma, se presenta una aparente contradicción cuya coherencia sólo alcanzan muchos tachando a la persona en cuestión de “descerebrado” (Miriam Gómez), “disparatado” (F. Savater), “gentuza castrista” (Rosa Montero) o “"actorcillo de tres al cuarto (...) que creo, además, que la tiene pequeña" en el caso de José Alejandro Vara, ex director de La Razón.

Ante toda una fiesta satánica para descuartizar (metafóricamente, creo) a Toledo en nombre de la democracia, al menos un puñado de artistas han lanzado un texto defendiendo la libertad del actor para expresarse sin tener por ello que soportar insultos a su miembro (hasta ahí podíamos llegar). Han demostrado no sólo atreverse a nadar a contracorriente entre toda la marea de condescendientes críticas, sino también a señalar claramente que los actores, las cantantes y demás gentes del mundo de la cultura, no son bichos acéfalos en cuya mente sólo cabe el guión de turno, sino que tienen opiniones políticas como todo hijo de vecino y están hartos de que se les condene cuando no dicen lo que se espera de ellos.

No voy a entrar a discutir las declaraciones del actor. Estoy un poco harta de que en El País me digan que Cuba es una dictadura gobernada por despiadados estalinistas y que en Rebelión afirmen que la isla es el mejor país del mundo para vivir y todo el mundo baila con florecitas en la cabeza. Basta. Lo que sí puedo asegurar es que el aparato mediático-empresarial español funciona de maravilla, vaya que si funciona.


Declaraciones completas de Willy Toledo:

10.3.10

Ajo

21.2.10

Harmony

Algunas te dan placer, pero no todas. Te pueden dar pánico o hacerte sentir una angustia insoportable. Yo no soy un adicto, Hache. Digo que soy un adicto para escandalizar a los pacatos, pero no es verdad. Me apasionan las drogas, he probado todas las que he podido conseguir. ¡Coño! Me fui a México nada más que para conocer el peyote; pero nunca lo he hecho para buscar el placer o para ser feliz o para no afrontar la vida. Las drogas son maravillosas porque te abren la mente, te hacen comprobar que la verdad no existe, que todo es relativo. La droga te da otra visión, otra dimensión, te hace ver que nada es lo que parece, que nada es. La única realidad es tu realidad y será lo que tú seas capaz de ver. Cuando te llegue el momento de probarlas no tengas miedo: eres un lúcido, eres inteligente, tienes el deber de hacerlo. Eso sí, no pierdas nunca el control. Mientras tú las controles no hay peligro, que no te controlen ellas a ti. Yo estuve enganchado con el caballo, con la heroína, y por poco no salgo. Lo dejé todo, me fui de Madrid, pasé seis meses en el infierno, pero pude salir: la mayoría no sale. Si te ofrecen, porque te van a ofrecer, ni se te ocurra aceptar, la mezclan con cualquier cosa, puedes palmar en un segundo. Si quieres probarla, lo harás conmigo, pero sería mejor si no lo hicieras... es demasiado buena.

Dante en "Martín (Hache)", de Adolfo Aristarain.

.
Todo empezó con el eco. Un sólo chasquido de dedos llenaba todos los rincones de la habitación, por no hablar de mi voz. El sonido estéreo metalizado y amplificado me hacía sentir que definitivamente poseía el cuarto. A veces no éramos nada, humo dentro de las cuatro paredes; y otras, representábamos lo más lujoso que había existido nunca: entre tanto desorden, nuestra piel era extremadamente fina, y tocarla era hundir el dedo en una caja de sorpresas repleta de sensaciones que, seguro, ni siquiera tú sabías que existían. Puede que no te dieras cuenta, pero estuve aproximadamente una hora jugando con tus texturas: la barba incipiente, la piel del cuello -tan fina y elástica- los labios húmedos y suaves, tu nariz esponjosa. Eras un objeto para mí; y lo más real que había tocado nunca.

Luego, cuando me penetrabas, hablar de sinestesia no abarcaría ni la mitad de cosas que experimentaba mi cerebro. Hay que follarse a las mentes. Las imágenes venían como nubes en días de lluvia: eran irremediables, y excitantemente determinantes de todo lo que me transmitía el calor. Una pradera, hojas de hierba: yo canto al cuerpo eléctrico y huelo frescura en toda la condensación que respiramos. El eco está en mi cabeza, ahora lo veo claro. Yo no poseo la habitación, ni tu cuerpo, ni siquiera esa tímida caricia en tu espalda. Nada es mío. Pero puedo repetirlo cuantas veces quiera. “Reproductibilidad”: la capacidad para reproducir: re-producir (volver a crear). Imagina todas esas ventajas de la reproducción técnica multiplicadas por mil. Imagina que puedes congelar lo que sientes dentro de mí, los saltos en la hierba prohibida de aquel château, y luego dibujar esa frescura en una libreta, y en mi cara, y en mi pecho, y luego fotografiarlo. Te digo que Benjamin subestimó nuestra capacidad. Fóllate a mi mente y lo comprobarás.


Foto: Marc D.A.

14.2.10



A las cinco de la mañana sólo hay silencio me atrevo a decir
que hasta el último poste de la ciudad sueña carnaval
para compensar la inactividad en la calle,

los niños -oh infancia- ya no tiran bolas de nieve
a mis proyectos finos descuidados de puntas abiertas
y Silvio Rodríguez aúlla compañeros El País
dice que un anarquista murió
mientras diseñaba su última colección para la pasarela de Milán,

lo que prueba: a las cinco
sólo hay extravangancias impotentes
la calefacción tan alta y esta quietud angosta esta falta de ruido que pincha y todo
cuelga
como la bolsita de té usadísima
y sorprendentemente melómana,
que bucea rítmicamente siguiendo al dedo que tira y dice
ven,
ven,

que estos brebajes
no son para una señorita como tú

ven,
venga,
estás perdiéndote sábados y continentes,
vente
que sólo necesitas dos mudas,
que podemos comer algo por el camino,
que todo seguirá igual cuando vuelvas,

que,
igualmente,
con tanto movimiento nunca podrás hacer un hueco en el sillón
para todas tus idas
y caídas.





Foto: M. de Castro

PERversión



"¡Péguy es alucinante!", dijo el editor con ímpetu. ¡Y Sade! ¡Sade! ¡Sobre todo, lea a Sade!".

- Mi texto sobre la familia...

- Sí, también está muy bien. Es bueno que sea usted reaccionario. Todos los grandes escritores son reaccionarios. Balzac, Flaubert, Baudelaire, Dostoievski,todos reaccionarios. Pero también hay que follar, ¿eh? Hay que desmelenarse. Es importante.

Las partículas elementales*. Houellebecq


* Creo que es el único fragmento que me ha hecho gracia de todo el libro.

5.2.10

antigua presentación

holaesmicumpleaños y brindo
por los que piden más con el plato lleno y
conservan; porque yo no sé hacerlo y así me va sólo bebo
espuma de cerveza para olvidar
al hombre de tanta memoria como olvido. No sé
recortar palabras porque no sé formar sentidos.
El tiempo en la muñeca, tic crac, ideas empotradas
en juntas de baldosas. Familia enterrada junto al oro negro,
trencé mi nombre en las estrellas para encontrar
un lugar en lo alto, respéteme, vivo las noches entre escombros,
estoy desnuda en este bar, como estas letras,
brindo por mi cumpleaños, mi
veinte cumpleaños hasta que me echen.
(...)
Brindo por las trenzas de cuatro
que las parejas hacen de sus brazos,
brindo por los masajes en la nieve, por la blancura
de las sábanas, brindo
sola
y miro
afuera.
Porque fuera,
el agua se refleja en las paredes como una película interminable.
Porque vivimos en islas,
pequeñas islitas que nos separan y obligan
a ignorar el frío y mojarnos los pies
si es que queremos llegar
alguna vez
a tocarnos.