21.4.10
Animalista
Extraído de A mi aire
18.4.10
El pastel
BRIGGS, Twin Peaks 2x09
Le quería aplaudir. Nunca nadie se ciñó tanto a un papel sabiendo que nunca lo romperá. Yo, sin embargo, sí lo hice. De hecho dejé de seguirlo durante la misma época en la que empecé a probar las drogas. Obviamente, no seguirlo conllevaba esporádicas crisis en las que rayaba la locura y la genialidad a partes iguales. Gracias a ello descubrí el pastel, un pastel enorme relleno de frutas troceadas y con generosa nata por fuera. Una noche, tras haber tomado una magdalena de marihuana con una coreana cuyo pirri en el pelo no hacía más que tambalearse enigmáticamente, le dije a Lola, la otra asistente a la fiesta: “todo es un escenario, todo es un puto escenario”. Las casas eran 2D y los carteles luminosos del kebab lucían con mucha más fuerza que la luna (o el reflejo del sol en la luna), caminábamos sin más y hablábamos sin mirarnos a la cara. Repetí mi magnífico descubrimiento un par de veces más con voz convincente y luego reí a carcajadas hasta no poder sostenerme en pie. Esa noche incluso llegué a comer la fruta de dentro del pastel, pero al final tuve que vomitarla en violentas sacudidas. Ambas lo hicimos. Era, en realidad, demasiada responsabilidad.
16.4.10
Octavio Paz, feminista punk
* Detergente El Macho no se hace responsable de las acusaciones que se puedanlas denuncias de esas guarras feministas que ni siquiera son clientes potenciales porque
ni se limpian ellas ni limpian la casa.
Una mujer cualquiera portando el orden
Octavio Paz podría haber sido un feminista punk que defendía la supresión de géneros y roles sexuales. Hubiese sido cuestión de tiempo que se hiciera una cresta rosa.
Octavio Paz arrepintiéndose del color escogido
Y sin más dilación, su texto:
Sin duda en nuestra concepción del recato femenino interviene la vanidad masculina del señor -que hemos heredado de indios y españoles-. Como casi todos los pueblos, los mexicanos consideran a la mujer como un instrumento, ya de los deseos del hombre, ya de los fines que le asignan la ley, la sociedad o la moral. Fines, hay que decirlo, sobre los que nunca se le ha pedido su consentimiento y en cuya realización participa sólo pasivamente, en tanto que 'depositaria' de ciertos valores. Prostituta, diosa, gran señora, amante, la mujer transmite o conserva, pero no crea, los valores y energías que le confían la naturaleza o la sociedad. En un mundo hecho a imagen de los hombres, la mujer es sólo un reflejo de la voluntad y querer masculinos. Pasiva, se convierte en diosa, amada, ser que encarna los elementos estables y antiguos del universo: la tierra, madre y virgen; activa, es siempre función, medio, canal. La feminidad nunca es un fin en sí mismo, como lo es la hombría.
(...). Para los mexicanos la mujer es un ser obscuro, secreto y pasivo. No se le atribuyen malos instintos: se pretende que ni siquiera los tiene. Mejor dicho, no son suyos sino de la especie; la mujer encarna la voluntad de la vida, que es por esencia impersonal, y en ese hecho radica su imposibildad de tener una vida personal. Ser ella misma, dueña de su deseo, su pasión o su capricho, es ser infiel a ella misma.
(...) El hombre revolotea a su alrededor, la festeja, la canta, hace caracolear su caballo o su imaginación. Ella se vela en el recato y la inmovilidad. Es un ídolo. (...) Analogía cósmica: la mujer no busca, atrae. Y el centro de su atracción es su sexo, oculto, pasivo. Inmóvil sol secreto.
(...). A su significación cósmica se alía la social: en la vida diaria su función consiste en hacer imperar la ley y el orden, la piedad y la dulzura. Todos cuidamos que nadie 'falte el respeto a las señoras', noción universal, sin duda, pero que en México se lleva hasta sus últimas consecuencias. Gracias a ella se suavizan muchas de las asperezas de nuestras relaciones de 'hombre a hombre'. Naturalmente habría que preguntar a las mexicanas su opinión; ese 'respeto' es a veces una hipócrita manera de sujetarlas e impedirles que se expresen. Quizá muchas preferirían ser tratadas con menos 'respeto' (que, por lo demás, se les concede solamente en público) y con más libertad y autenticidad.
(...). Es curioso advertir que la imagen de la 'mala mujer' casi siempre se presenta acompañada de la idea de actividad. A la inversa de la 'abnegada madre', de la 'novia que espera' y del ídolo hermético, seres estáticos, la 'mala' va y viene, busca a los hombres, los abandona. Por un mecanismo análogo al descrito más arriba, su extrema movilidad la vuelve invulnerable. (...). La 'mala' es dura, impía, independiente, como el 'macho'.PAZ, Octavio. El laberinto de la soledad. Anthony Stanton ed. NY: Manchester University Press, 2008.
15.4.10
Contorsionismo
Abrió otra cerveza y movió la chapa acompasando cada movimiento con una letra del abecedario hasta que el metal que la sujetaba cedió. M. Le había tocado la M y, aunque no creía en esas abstracciones infantiles, comenzó a recordar la vida con Martín, la apatía por las mañanas, algunos momentos felices cuando comían chocolate y pactaban los horarios de limpieza. Helena nunca se había sentido deseada, puede que eso fuera lo que mató la relación. Era feliz, pero únicamente por la imagen que él proyectaba de ella misma. Ambos sabían que en cuanto esa fotografía se rompiera, aunque sólo fuera por un borde, la relación se iría al garete, y ella no se aceptaría nunca más. Obviamente, la restauración en estos casos es extremadamente costosa y lenta, por lo que, cuando llegó el momento, ambos decidieron dejar de compartir pasiones.
Después de eso, Helena siguió viajando, costeándose su supervivencia vendiendo jerséys que iba haciendo en los autobuses y trenes. Había probado muchas drogas, pero sin embargo sólo estaba enganchada a la satisfacción que le producía reconstruir su propio yo una y otra vez frente a desconocidos. Uno de sus personajes favoritos era una tímida joven estonia que se dedicaba a lo que fuera menester (niñera, crupier, acomododadora en los cines, chófer...) y cuyo objetivo era llegar a los Juegos Olímpicos con el salto de pértiga. Ésto último se convertía en un reto al explicarlo con total seriedad frente a la víctima, generalmente un hombre.
- A quien quiera saber, mentiras con él -decía la abuela de manos venosas y temblorosas mientras cortaba naranjas y contaba cómo su madre le reprendía cuando les veía a ella y a su novio cogidos de la mano. Helena nunca tuvo tal abuela, y por ello le gusta recordar todo lo que nunca pudo escuchar.
La mayor parte de las veces se servía de tópicos para salvar las conversaciones, sobre todo cuando no sabía cómo alargar la mentira sin que ésta se rompiera. El carpe diem, la contrapregunta de "¿y por qué no?" o la condescendiente respuesta de "oh, pero no quiero aburrirte con mis historias, cuéntame tú" eran las más utilizadas. A veces creía que se la comían, que coartaban su originalidad, que las frases hechas eran como una Perca del Nilo que acababa con todas las demás especies.
Pocas veces mostraba rasgos que la definieran de verdad. Aunque si la víctima en cuestión era avispada, podía ver comportamientos que se repetían de forma casi enfermiza al tiempo que las mentiras crecían como un guardaespaldas tras ella: se mordía las uñas, jugueteaba con los padrastros y se rascaba el cuero cabelludo por la zona de la nuca insistentemente.
Igualmente, tras un par de semanas esa conducta le angustiaba y necesitaba volver a su sitio franco, con ese sofá de oferta tan lleno de manchas. Además, los jerséys no daban para mucho. Ya nadie quiere pagar lo que vale un producto artesanal. ¿Para qué, si se puede comprar perfección reproducida una y otra vez por máquinas que abaratan los costes? Helena lo sabía y por eso no invertía mucho en sus productos.
Eran las tres de la madrugada. Ni siquiera el viento soplaba afuera. La morena del escote seguía intentando animar a los telespectadores a llamar al 800-234-234 para conseguir todo ese dinero que se veía en pantalla. Vaya pestiño de televisión. Helena miró a través de la ventana. Los árboles no tenían hojas y las ramas parecían brazos en cuyo final se abrían manos con los cinco dedos estirados, en tensión. Como pidiendo auxilio. Abrió otra cerveza más y esta vez utilizó un vaso para beber. Todavía quedaban un par de horas antes de que amaneciera.
13.4.10
Miedo y asco, además de vergüenza, en Valencia
Qué asco.
Qué miedo.
8.4.10
31.3.10
Mira
Foto: M. D. A.
29.3.10
¡Tapáos los oídos, que viene Adorno!: Sobre jazz y asnos
Me imaginé que el joven con el spray era Adorno, y que en lugar de dejar la cerveza en la mesa de un golpe, le tiraba el culín al saxofonista de la tarima mientras le gritaba con acento murciano: "¡Short-haired, que eres un short-haired!".
Por la noche, allí estábamos los tres de nuevo. La idea del ciclo "I hate jazz" era ofrecer al público todo lo que Adorno criticaba que le faltaba al jazz. El germano empezó a desvariar y a decirme que seguro que eran unos melenas, de esos que caen en el estereotipo del "artista hambriento que desprecia con desparpajo las exigencias convencionales", que serían unos "agentes de la distracción" introvertidos o locos egocéntricos y/o, seguramente, homosexuales castrados. Le dije que llamara a Freud y me dejara en paz un ratito.
Después de ver el primer concierto, y sobre todo después de tanto pesimismo cinquentero, volví a creer que experimentar con el jazz es posible. Jean Louis (así se llamaba el grupo) utilizaba los instrumentos en su sentido más puro: para hacer música. Así, sin ninguna formalidad de antemano, el contrabajo se tocaba con un arco pero también se aporreaba como un tambor; lo que se necesitara para llegar incluso a sonidos metaleros. Lo que no cambió en los grupos siguientes. Chris Corsano, colaborador en las filas de Björk o Sonic Youth, tocó la batería con un arco, añadió su voz sintetizada y utilizó diversos objetos en su improvisación junto a JoeMcPhee, al parecer un muy famoso saxofonista del Free Jazz. Después vino TrioVD, londinenses que tampoco parecían muy limitados por las vías "vías mecánico-rituales" que Adorno asume en el jazz.
Después de los conciertos, nuestro amigo no dijo ni mú. No creo que en esos espectáculos hubieran "arreglos", ni fueran objeto de un "conformismo de segundo grado". De hecho, era frecuente algún que otro sonido estridente, así como que los músicos se bajaran (no todos a la vez y de vez en cuando) a por un vaso de agua. Tampoco eran melenudos, como anticipaba Adorno. Creo que cayó en la cuenta de que, desde que escribió su ensayo en 1955 hasta ahora, ha llovido mucho. Tranquilo, germano, tenías razón en una cosa: si estos grupos entran en el mercado cultural, adiós estridencia, hola estandardización. Pero mientras se encuentren en el circuito experimental, nos seguirán deleitando con dúos tales como el de trompetista humano- vocalista asno, al estilo Animals de Pink Floyd, pero en jazz.
Give me more, give me more:
+ Libro Prismas online (el ensayo "Moda sin tiempo", a partir de la p. 126).
+ Göran Therborn acusa a los teóricos de Frankfurt de "Hiperradicalismo intelectual" en su libro originalmente titulado
+ Video de Chris Corsano exhibiendo sus habilidades

