20.11.10

y yo me pregunto


Una herida es la guerra
C. Maillard

Cómo vas a luchar
sin escudos con los que protegerte
del equipaje ajeno,
cómo
vas a luchar,
................ilusa,
si la herida que te deforma
es una guerra
propia.

17.11.10

Marta Sanz

Ya o todavía.
Ya no queda más dinero suelto
para jugar a las máquinas
o todavía
guardo un billete arrugado,
que puedo cambiar,
en el bolsillo del abrigo.

Todavía puedo echar el bofe
o es mejor
que ya
no me esfuerce demasiado subiendo las cuestas.

Todavía puedo reventarme el corazón.
O ya
le he dado una pastilla para dormir
y es
un mar azul de la tranquilidad.


en Perra Mentirosa


Hay hombres en mi vida
que no son mi marido ni mi padre,
que no son mis amantes ni mis novios.
Que están ahí
y que me hacen temblar cuando me cercan
con palabras que no entiendo
y que a menudo
no sé
cuántas cosas
significan.


en Hardcore

Keep writing

¡Oído, cocina!: A Mayakovski, el poeta de la revolución bolchevique por definición, quien apostaba por un arte y trabajo intelectual de clase, también le iba poesía intimista y escribía -cuando a él le daba la real gana, claro- a los "amores puros", la imposibilidad de "besar eternamente" y sobre su "corazón de un loco". ¿Es incompatible la poesía social y la intimista? Parece que no. Lo insano aquí es caer en un planteamiento dicotómico del discurso poético. La privacidad puede ser tratada como parte integrante de la vida social; el individuo y su subjetividad han de ser el motor de la revolución (dicen por ahí que Lúkacs hablaba de subjetividad revolucionaria...). Hablar del mundo, además de reflejar pasivamente, es también proponer, proyectar uno posible. En el incesante renovarse de este espacio toma cuerpo la esperanza, dice el colectivo Alicia Bajo Cero en su ensayo Poesía y Poder, en un claro rebate a los supuestos valores universalistas. Proponme un cambio de paradigma, dime que las personas son viajes en sí mismas, asume tu responsabilidad comunicativa y, aunque me cuentes que has visto una cucaracha por la mañana, seguirás haciendo poesía social. Y yo, cómo no, la seguiré leyendo. Pero ahora, Mayakovski:



Con su cuchillo en la mano
llegó la noche.
Su puñalada me alcanza,
me hiere.
¡Se acabó!
Rodaron las doce
como la cabeza degollada del condenado.
(...)
La gente husmea,
huele a chamusquina.
Llamaron y vinieron:
¡refulgentes de castos!
-Con botas no se puede entrar.
Digan a esos bomberos
que al corazón ardiendo
se sube con caricias.
(...)
Ante gentes temlorosas
en la quietud doméstica,
un fulgor de cien miradas
quiere llegar del puerto.
Lanzad un último grito.
Contad entre gemidos a los siglos,
aunque no sea más,
que estoy ardiendo.
(...)
Por las calles
pasan las gentes sacudiendo sus papos
de muchos pliegues
Asoman sus ojos
raídos por cuarenta años de uso,
se ríen
de que entre los dientes llevo otra vez
los restos de las caricias pasadas
como migas de pan colgando.



Vladímir Mayakovski

15.11.10

y acudimos a la poesía a altas horas de la noche



El acontecimiento no es lo que ocurre (accidente),
es en lo que ocurre lo expresado mismo que nos
hace seña y nos espera. (...) es lo que debe ser
comprendido, lo que debe ser querido, lo que debe
ser representado en lo que ocurre.

G. Deleuze



Para que algo acontezca no basta un accidente,
no es suficiente un muerto,
ni dos, ni dos millones.
Un acontecimiento es un olor que espera
que alguien lo respire,
una herida que aguarda encarnarse,
el agua de un torrente
inundando los poros,
una mirada que cruza el aire
y encuentra a alquien que le hace señas
y en la seña, en ella, se reconoce.
Uno puede negarse al acontecimiento
y convertir su historia en un simple resumen
de lo ocurrido, pasos que no devienen cruce
y se apagan en vida, o se secan.
Uno puede negarse a saberse en el otro,
basta con acercarse a todo con un walkman
conectado a la carne,
enfundado el cerebro en aquella sustancia
impermeable que nos inmuniza,
basta con refugiarse en un desmayo a tiempo,
en el deseo de amar, u ocultarse
en la furia o en el número de una cuenta bancaria.
De hecho, lo más frecuente es
que llevemos cosida el alma a su forro
como los trajes nuevos sus bolsillos,
para evitar que se deformen
por el peso.


---


Mejor no diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante, Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.



8.11.10

Cuentos

La gente busca pareja y "establece relaciones"
para evitar las tribulaciones de la fragilidad,
sólo para descubrir que esa fragilidad
resulta aún más penosa que antes.
Lo que se esperaba y pretendía
que fuera un refugio (tal vez el refugio) contra la fragilidad
demuestra ser una y otra vez su caldo de cultivo.



Sientes moverte entre márgenes rectos y limpios pero de repente una risa tajante te ataca desde varios puntos, líneas viudas que parecían seguras. El viento derriba -hoy- los árboles más altos y tú te ríes con él, porque todo es risible, y volátil, y relativo. Amigos ante los que defenderse; exámenes de fidelidad; cuencos de comida escarchada. Entonces llega la pregunta esperada y que tú también formulas aunque lo niegues: ¿Has perdido ya el sentido? ¿Te has vuelto relativa tú también? ¿Puedes reencontrar la coherencia, el despiste y la empatía? Este cuerpo moldeable que ahora es impasible, respira -seguro- en algún lugar; allá en la lejanía. Aunque las suelas calcinadas de las botas lo hagan más difícil. Aunque tu esencia sea aire y agua cada vez menos. Él hubiera dicho que las personas que de verdad aman no entienden de sexos, porque no se enamoran de una imagen ni de un molde ni de un parapeto de garantías; se enamoran de la carne y del movimiento tras las cuencas de los ojos. Él hubiera dicho que para qué quieres botas, que dónde te mueves, que cuándo y cómo sonríe allá, en la lejanía, tu cuerpo...


Cuentos tardíos. H. Svalbard.

14.10.10

Pollini, que rima con Paganini



La sensación de espontaneidad sólo puede proporcionarse cuando se llega a captar la verdad de lo escrito hasta hacerlo nuestro.

1.10.10

Gilberto Owen

Mexicano. Su poesía de esos primeros años del S.XX es, a veces, prosa. Las explicaciones ambiguas le fascinan y su mundo es alegórico pero muy real al paladar pupilar. Me gusta descifrar claves, me gusta Gilberto Owen:


Viento

Cuando quise volver, no había ya nadie más que aquel frío seco, en cuclillas, fakir famélico. Cogí un rincón de mi recámara y me lo eché sobre los hombros. La noche me quitaba esta sábana para el hijo mimado. La pared se alejaba jugando con él.

Me puse a mirar el Niágara que habrá, detrás y arriba, y la instalación de turbinas necesaria para alimentar alfa voltios de soles y de estrellas. Le pregunté a Esopo a qué hora llegaría: "Anda", me dijo, pues quería calcular la velocidad de mi marcha y la fuerza de mis ideas generales. Pero ahí estaba el viento, para contar mis versos con los dedos. Deshojaba unas margaritas negras, y el último pétalo decía que no invariablemente. En vano denuncié a gritos la trampa. Todas las casas estaban ciegas y sordas como tapias. Hasta las paredes. Hasta los que usan monoclo habrían llorado.

Llamé tan fuerte, que se cayó una estrella: “Formula un deseo”, me dijo mi ángel. Entonces abrí el estuche de terciopelo negro y fui sacando las cosas del mundo, poco a poco, ordenándolas. Alguien, sin despertar, dejaba de dormir y lloraba. El sol espiaba cauto entre dos lomas si ya lo había arreglado yo todo, como los cómicos que miran por un agujerito del telón el estado del público.

Sonó el cencerro, al cuello de la iglesia, y las casas echaron a andar rumbo al campo y llegaron a mí, que no podía ir a ellas.



"Viento" en Línea. Gilberto Owen